+ París: Siempre hay una primera vez para ver la ciudad del Sena y retratarse junto a la Torre Eiffel o al museo del Louvre. Sin duda es uno de los destinos preferidos de los interraileros y un buen punto de partida. Además después tiene conexión con casi cualquier estación de Europa, por lo que la salida es rápida y sencilla.
+ Bruselas: La capital belga es mucho más que el Manneken Pis. Ya sólo la Grand Place justifica llegar hasta aquí, puesto que hablamos de la que probablemente sea la plaza más hermosa de Europa. Sus numerosos museos, mercadillos y el mítico Atomium son algunos de los grandes highlights de la ciudad.
+ Brujas: Apenas a una hora en tren desde Bruselas es salir de la estación y encontrarse en una ciudad que parece sacada de un cuento de hadas. Casitas de ensueño, canales y tiendas de chocolate en todas partes. Una ciudad romántica con más encanto del que cualquiera se pueda imaginar.
+ Ámsterdam: El salto entre Bélgica y Holanda es relativamente corto. Llegamos a una de las ciudades más fascinantes y animadas de Europa, Amsterdam. Conocida como “La Venecia del norte” por sus muchos canales, agrupa numerosa gente joven (y en verano, interraileros a base de bien) a quienes llama la atención que Amsterdam siempre fue el paradigma de las libertades. Hay quien va por los coffee shops y se queda por barrios como el Jordaan: eso sí, siempre en bicicleta, el medio de transporte favorito de los Países Bajos.
+ Berlín: Impresionante ciudad cosmopolita. La capital alemana crece a pasos agigantados y se moderniza cada día. Dinámica, animada y cultural, cuenta con algunos de los mejores museos del continente y la fuerza de su despertar tras la caída del muro en el 89. Da para recorrerla y vivirla unos cuantos días.
+ Dresde: En ambas orillas de río Elba a su paso por el Estado Federal de Sajonia se encuentra una de las ciudades más bellas y, a su vez, más desconocidas de Alemania. Los bombardeos de los aliados durante la II Guerra Mundial destrozaron la ciudad. Pero a partir de ese momento se reconstruyó todo su patrimonio hasta quedar tal cual fue. Dresden viste de barroco, presente en gran parte de sus edificios que miran al río. Y es una gran sorpresa para todos los viajeros que llegan hasta aquí.
+ Praga: La capital de la República Checa está a tan sólo 3 horas de Dresde. Y no cabe decepción alguna en una ciudad regada de edificios singulares y monumentos históricos imprescindibles. Una sola mirada en el puente de Carlos, entre estatuas y coloridas cúpulas, bastará para darse de la fortuna que uno tiene por haberla escogido dentro de la ruta.
+ Munich: Regresamos a Alemania para entrar al Estado de Baviera y disfrutar de una ciudad exquisita y divertida para visitar. Munich es otro de esos lugares sumamente animados y con abundantísimas ofertas culturales y de ocio. Desde Marienplatz a la Residenz pasando por el parque inglés… y con la posibilidad de muchas visitas en los alrededores (por ejemplo: a 2 horas hacia el sur se encuentra el famoso castillo del Rey Loco, que sirvió de inspiración a Walt Disney).
+ Zurich: Entramos a Suiza, pero no para hacernos una cuenta secreta en el banco, sino para visitar desde Zurich alguna de sus maravillas. A media hora de la misma tenemos Basilea o Lucerna -mi ciudad favorita en Suiza-, con preciosos puentes de madera y las montañas formando un fondo más que prodigioso.
+ Niza: No todo van a ser visitas a monumentos, ¿no? Si hacemos el interrail en verano una buena forma de rematar la faena es yéndonos a la playa. Y Niza tiene de las buenas. Por eso estamos en la Costa Azul. Con Cannes o el Principado de Mónaco a tiro de piedra para quien quiera profundizar más en la región. Será por trenes…
Ya desde Niza se puede llegar en tren a España entrando por Portbou en ferrocarril. Y que cada uno marche a sus lugares como buenamente pueda. Otra posibilidad es tomar un vuelo desde el destino y así aprovechar mejor los días que se dispongan. Cuestión de gustos y de presupuestos. ¡Y menudo viaje nos habremos hecho!





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